Qué
es un «guerrillero»
Ernesto
Che Guevara
Filosofia.cu
1959
[Revolución,
19 de febrero de 1959.]
(Tomado
de Escritos y discursos, tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales,
La Habana 1972, páginas 193-197)
Quizá
no haya país en el mundo en que la palabra «guerrillero»
no sea simbólica de una aspiración libertaria para
el pueblo. Solamente en Cuba esta palabra tiene un significado
repulsivo. Esta Revolución, libertadora, en todos sus extremos,
sale también a dignificar esa palabra. Todos saben que
fueron guerrilleros aquellos simpatizantes del régimen
de esclavización española que tomaron las armas
para defender en forma irregular la corona del rey de España;
a partir de ese momento, el nombre queda como símbolo,
en Cuba, de todo lo malo, lo retrógrado, lo podrido del
país. Sin embargo, el guerrillero es, no eso, sino todo
lo contrario; es el combatiente de la libertad por excelencia;
es el elegido del pueblo, la vanguardia combatiente del mismo
en su lucha por la liberación. Porque la guerra de guerrillas
no es como se piensa, una guerra minúscula, una guerra
de un grupo minoritario contra un ejército poderoso, no;
la guerra de guerrillas es la guerra del pueblo entero contra
la opresión dominante. El guerrillero es su vanguardia
armada; el ejército lo constituyen todos los habitantes
de una región o de un país. Esa es la razón
de su fuerza, de su triunfo, a la larga o a la corta, sobre cualquier
poder que trate de oprimirlo; es decir, la base y el substratum
de la guerrilla está en el pueblo.
No
se puede concebir que pequeños grupos armados, por más
movilidad y conocimiento del terreno que tengan, puedan sobrevivir
a la persecución organizada de un ejército bien
pertrechado sin ese auxiliar poderoso. La
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prueba
está en que todos los bandidos, todas las gavillas de bandoleros,
acaban por ser derrotados por el poder central, y recuérdese
que muchas veces estos bandoleros representan, para los habitantes
de la región, algo más que eso, representan también
aunque sea la caricatura de una lucha por la libertad.
El
ejército guerrillero, ejército popular por excelencia,
debe tener en cuanto a su composición individual las mejores
virtudes del mejor soldado del mundo. Debe basarse en una disciplina
estricta. El hecho de que las formalidades de la vida militar
no se adapten a la guerrillera, que no haya taconeo ni saludo
rígido, ni explicación sumisa ante el superior,
no demuestran de manera alguna que no haya disciplina. La disciplina
guerrillera es interior, nace del convencimiento profundo del
individuo, de esa necesidad de obedecer al superior, no solamente
para mantener la efectividad del organismo armado que está
integrado, sino también para defender la propia vida. Cualquier
pequeño descuido en un soldado de un ejército regular
es controlado por el compañero más cercano. En la
guerra de guerrillas, donde cada soldado es unidad y es un grupo,
un error es fatal. Nadie puede descuidarse. Nadie puede cometer
el más mínimo desliz, pues su vida y la de los compañeros
le va en ello.
Esta
disciplina informal, muchas veces no se ve. Para la gente poco
informada, parece mucho más disciplinado el soldado regular
con todo su andamiaje de reconocimientos de las jerarquías
que el respeto simple y emocionado con que cualquier guerrillero
sigue las instrucciones de su jefe. Sin embargo, el ejército
de liberación fue un ejército puro donde ni las
más comunes tentaciones del hombre tuvieron cabida; y no
había aparato represivo, no había servicio de inteligencia
que controlara al individuo frente a la tentación. Era
su autocontrol el que actuaba. Era su rígida conciencia
del deber y de la disciplina.
El
guerrillero es, además de un soldado disciplinado, un soldado
muy ágil, física y mentalmente. No puede
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concebirse
una guerra de guerrillas estática. Todo es nocturnidad.
Amparados en el conocimiento del terreno, los guerrilleros caminan
de noche, se sitúan en la posición, atacan al enemigo
y se retiran. No quiere decir esto que la retirada sea muy lejana
al teatro de operaciones; simplemente tiene que ser muy rápida
del teatro de operaciones.
El
enemigo concentrará inmediatamente sobre el punto atacado
todas sus unidades represivas. Irá la aviación a
bombardear, irán las unidades tácticas a cercarlos,
irán los soldados decididos a tornar una posición
ilusoria.
El
guerrillero necesita sólo presentar un frente al enemigo.
Con retirarse algo, esperarlo, dar un nuevo combate, volver a
retirarse, ha cumplido su misión específica. Así
el ejército puede estar desangrándose durante horas
o durante días. El guerrero popular, desde sus lugares
de acecho, atacará en momento oportuno.
Hay
otros profundos axiomas en la táctica de guerrillas. El
conocimiento del terreno debe ser absoluto. El guerrillero no
puede desconocer el lugar donde va a atacar, pero además
debe conocer todos los trillos de retirada así como todos
los caminos de acceso o los que están cerrados. Las casas
amigas, y enemigas, los lugares más protegidos, aquellos
donde se puede dejar un herido, aquellos otros donde se puede
establecer un campamento provisional, en fin, conocer como la
palma de la mano el teatro de operaciones. Y eso se hace y se
logra porque el pueblo, el gran núcleo del ejército
guerrillero, está detrás de cada acción.
Los
habitantes de un lugar son acémilas, informantes, enfermeros,
proveedores de combatientes, en fin, constituyen los accesorios
importantísimos de su vanguardia armada.
Pero
frente a todas estas cosas; frente a este cúmulo de necesidades
tácticas del guerrillero, habría que preguntarse:
«¿por qué lucha?», y, entonces surge
la gran afirmación: «El guerrillero es un reformador
social.
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El
guerrillero empuña las armas como protesta airada del pueblo
contra sus opresores, y lucha por cambiar el régimen social
que mantiene a todos sus hermanos desarmados en el oprobio y la
miseria. Se ejercita contra las condiciones especiales de la institucionalidad
de un momento dado y se dedica a romper con todo el vigor que
las circunstancias permitan, los moldes de esa institucionalidad.»
Veamos
algo importante: ¿qué es lo que el guerrillero necesita
tácticamente? Habíamos dicho, conocimiento del terreno
con sus trillos de acceso y escape, velocidad de maniobra, apoyo
del pueblo, lugares donde esconderse, naturalmente. Todo eso indica
que el guerrillero ejercerá su acción en lugares
agrestes y poco poblados. Y, en los lugares agrestes y poco poblados,
la lucha del pueblo por sus reivindicaciones se sitúa preferentemente
y hasta casi exclusivamente en el plano del cambio de la composición
social de la tenencia de la tierra, es decir, el guerrillero es,
fundamentalmente y antes que nada, un revolucionario agrario.
Interpreta
los deseos de la gran masa campesina de ser dueña, de la
tierra, dueña de los medios de producción, de sus
animales, de todo aquello por lo que ha luchado durante años,
de lo que constituye su vida y constituirá también
su cementerio.
Por
eso, en este momento especial de Cuba, los miembros del nuevo
ejército que nace al triunfo desde las montañas
de Oriente y del Escambray, de los llanos de Oriente y de los
llanos de Camagüey, de toda Cuba, traen, como bandera de
combate, la Reforma Agraria.
Es
una lucha quizás tan larga como el establecimiento de la
propiedad individual. Lucha que los campesinos han llevado con
mejor o peor éxito a través de las épocas,
pero que siempre ha tenido calor popular. Esta lucha no es patrimonio
de la Revolución. La Revolución ha recogido esa
bandera entre las masas populares y la ha hecho suya ahora. Pero
antes, desde mucho tiempo; desde que se alzaran los vegueros de
La Habana; desde
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que
los negros trataran de conseguir su derecho a la tierra en la
gran guerra de liberación de los 30 años; desde
que los campesinos tomaran revolucionariamente el Realengo 18,
la tierra ha sido centro de la batalla por la adquisición
de un mejor modo de vida.
Esta
Reforma Agraria que hoy se está haciendo, que empezó
tímida en la Sierra Maestra, que se trasladó al
Segundo Frente Oriental y al macizo del Escambray, que fue olvidada
algún tiempo en las gavetas ministeriales y resurgió
pujante con la decisión definitiva de Fidel Castro es,
conviene repetirlo una vez más, quien dará la definición
histórica del «26 de julio».
Este
Movimiento no inventó la Reforma Agraria. La llevará
a cabo. La llevará a cabo íntegramente hasta que
no quede campesino sin tierra, ni tierra sin trabajar. En ese
momento, quizás, el mismo Movimiento haya dejado de tener
el por qué de existir, pero habrá cumplido su misión
histórica. Nuestra tarea es llegar a ese punto, el futuro
dirá si hay más trabajo a realizar.
[Revolución,
19 de febrero de 1959.]
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Tomado
de Escritos y discursos, tomo 1, Editorial de Ciencias Sociales,
La Habana 1972, páginas 193-197
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